Son muletillas o refugios que dan
placer, libertad, seguridad y fuerza momentánea, pero cuando pasa el efecto,
hay una fuerte recaída, y el joven suele sentirse peor de lo que se sentía.
Esto provoca una necesidad de ellas, sin contar con que muchas adicciones como
las drogas y el
alcohol, en el nivel biológico, crean reacciones que acentúan su necesidad de
consumo. Las drogras interfieren con las relaciones con el entorno, la
familia, escuela y trabajo, pueden llegar a comprometer de manera significativa
los procesos de aprendizaje, especialmente en los jóvenes adolescentes.
¿Por qué los jóvenes se vuelven adictos a algo?
Aunque parezca difícil de creer, no es
que un joven elija ser adicto, sino que las circunstancias lo llevan la mayor
parte de las veces a buscar estimulantes externos porque son un soporte o
muletilla para no caerse en la confusión o el dolor emocional que pueden
sentir. Los jóvenes buscan estos refugios o
escapes porque en el fondo no han podido resolver o afrontar situaciones que
les incomoda a su alrededor, ya sea en mismo entorno familiar o social, algunos ejemplos que provocan que los jóvenes lleguen a esta
salida son: rechazo constante, juicios hacia lo que es y siente el joven,
castigo y critica constante, reproches, abandono emocional, falta de apoyo o
guía emocional, no ponerle límites de pequeño (lo que crea mucha inseguridad),
padres exigentes y perfeccionistas, abuso moral o físico, falta de un ambiente
de seguridad y dignidad. La carencia cada vez mayor de tiempo de relación con los
padres es un factor determinante, ya que hoy en día los progenitores laboran
con jornadas mayores a las 8 horas, sin incluir traslado de trabajo a casa o
viceversa, por dicho motivo los jóvenes cuentan con períodos prolongados de
ausencia y comunicación con los padres, pierden el control y la autoridad sobre
ellos, por tal motivo es importante cada hora, minuto y segundo que los padres
puedan aprovechar cuando llegan a casa, preguntando lo ocurrido en el día,
corroborando en las redes sociales sobre el entorno que rodea a sus hijos,
pedir algún familiar que pueda estar al tanto del entorno que pueda rodear al
joven en su ausencia, poner límites y normas, así como derechos y obligaciones
en el hogar, la responsabilidad debe ser de ambos padres aún, el diálogo debe
participe y continuo.
Tipos de dependencias
Hay diversos tipos de dependencias, las
más comunes son la dependencia a drogas,
alcohol, comida, etc. Sin embargo, muchos de los jóvenes también
son dependientes a otras cosas, como los videojuegos, internet, el juego, el ruido (subir el volumen a la música), el
gimnasio, verse bien, etc. Este tipo de dependencias que parecieran
más inofensivas no deben descuidarse, pues son llamadas de atención de los
jóvenes, una forma de escaparse de lo que sienten no pueden controlar. ES IMPORTANTE CONOCER COMO POCO A POCO VA EN AUMENTO SOBRE TODO EL CONSUMO DE MARIHUNA SEGÚN REPORTE DE LOS CENTROS DE INTEGRACIÓN JUVENIL A NIVEL FEDERAL.
Es la percepción e interpretación de uno mismo. Darnos un momento para pensar en sí mismo
y de evaluarse, nos permite ir desarrollando una autoestima suficiente o deficiente, positiva o
negativa, alta o baja..., aunque no nos demos cuenta.
Es de suma importancia promoverla de manera realista y sobre todo positiva, ya que nos permite descubrirnos, apreciarnos y explotar nuestras propias habilidades y en ocasiones fortalecer nuestras deficiencia para cambios asertivos en nuestras decisiones.
BASES DE LA AUTOESTIMA
a) El autoconcepto : Imagen que una persona tiene acerca de sí misma y de su mundo
personal.
b) La autoaceptación: Sentimiento de aceptarse a sí mismo, del que uno no tiene que avergonzarse
ni ocultarse.
¿CÓMO INFLUYE LA AUTOESTIMA EN LA VIDA COTIDIANA DEL
ADOLESCENTE?
1. En todos los pensamientos, sentimientos y actos que lleva a cabo: El adolescente con autoestima demostrará sus sentimientos positivos hacia sí y hacia los demás de muchas maneras sutiles: sonreirá, mirará a los ojos, se mantendrá erguido, alargará la mano para saludar y, en general, creará a su alrededor un "ambiente" positivo. Los demás le responderán de modo parecido: le aceptarán, se sentirán atraídos por él, se encontrarán cómodos en su presencia y, por lo mismo, se sentirán cómodos consigo mismos. Por el contrario, el adolescente con baja autoestima, emitirá vagas señales de angustia al proyectar sus propios sentimientos de inadaptación sobre los demás. Los que le rodean interpretarán esas vagas señales de dos modos: o “algo le pasa” o “algo nos pasa a nosotros”; en ambos casos, la respuesta es parecida: alejamiento.
2. Sobre el comportamiento: El adolescente suele comportarse según se vea y según la autoestima que tenga. Y, a la vez, su comportamiento suele confirmar la imagen que de él tiene; es un círculo cerrado que no hace más que reforzar sus actitudes y sus puntos de vista básicos. El adolescente tiende a actuar de manera que confirme la imagen que tiene de sí mismo, comportarse de manera que aumente el sentido de su valía y actuar para mantener una imagen coherente de sí mismo, sin tener en cuenta lo que puedan cambiar las circunstancias.
Si éstas son contradictorias, puede parecer que el adolescente actúa errática e irracionalmente; es posible que repita, una y otra vez, actos que conlleven la desaprobación o el castigo, y cuando se le pregunte por qué los hace, contestará: "No lo sé". Cuando la imagen que tenga de sí sea positiva y posea además suficiente autoestima, el adolescente se sentirá capaz y se mostrará confiado; por ello se comportará de manera que todo lo que haga reafirme el sentido de su propia valía. Cuando tenga una imagen negativa de si mismo y poca autoestima, se sentirá desplazado.
3. En el aprendizaje: El adolescente que posea una buena autoestima aprenderá con mayor facilidad y más
contento que uno que se sienta poco hábil; abordará las cosas nuevas que tenga que aprender con confianza y entusiasmo. Lo normal será que obtenga buenos resultados porque sus sentimientos y pensamientos son anteriores a sus actos, y se encontrará "entrenado" mediante expectativas positivas; el éxito, entonces, reforzará sus sentimientos positivos; se verá a sí mismo más y más competente con cada éxito que obtenga. El adolescente que se crea inadaptado e incapaz de aprender se acercará a cada nueva tarea de aprendizaje con un sentimiento de desesperanza y temor. Es el "síndrome del fracaso": el muchacho que ha tenido en el colegio una serie de fracasos, suele desarrollar después actitudes del tipo "no puedo hacerlo... no merece la pena que lo intente otra vez". Y en consecuencia, estará prácticamente condenado al fracaso en las sucesivas tareas que se plantee y que siempre acometerá a "medio gas", a no ser que se pueda romper ese círculo vicioso dotándole de una sensación renovada de su propia valía y capacidad.
4. En las relaciones y recibe también la influencia de éstas: El adolescente que se siente cómodo consigo mismo no está pendiente de los demás para que le reconozcan, le motiven o le dirijan, y por ello se encuentra en mejor situación para las relaciones sanas, sabe aceptar lo que los demás dan sin necesidad de "engancharse" a ellos para que corroboren su valía. La adolescencia es el periodo en el que llega al máximo la necesidad de compartir y de agruparse con los compañeros. El adolescente forma su imagen y su sentido de la autoestima a partir de las reacciones de los demás hacia él. Si tiene muchos amigos y se siente integrado en grupos formados por sus compañeros verá acrecentada su sensación de valía, pero si se encuentra aislado y es poco "mañoso" para establecer relaciones en esta etapa tenderá a valorarse de forma negativa. El adolescente necesita recibir la aceptación y el respeto en las relaciones que mantiene, y sólo si ha aprendido cómo influir en la respuesta de otros y cómo predecir dichas respuestas, y ha recibido aceptación y respeto en la familia y en el colegio en la etapa anterior será capaz de mostrar actitudes semejantes hacia los demás durante la adolescencia.
5. En la creación y la experimentación: Cualquier expresión creativa o experimental supone riesgos. Lo único que le permite al adolescente afrontar esos riesgos es tener seguridad en sí mismo y en su capacidad. El adolescente que posee autoestima suele demostrar una creatividad elevada en casi todo lo que hace; y, en consecuencia, recibe aprobación por todo lo que hace, lo cual contribuye a incrementar su autoestima, ya de por sí firme. Los adolescentes con poca autoestima, por el contrario, tienen miedo de cometer errores que puedan traducirse en la desaprobación de los demás; y por ello se muestran excesivamente cautelosos y eluden, cuando pueden, cualquier expresión creativa y experimental.
SÍNTOMAS DE BAJA AUTOESTIMA EN NUESTRO HIJO
1. Aprende con dificultad, ya que piensa que no puede o que es demasiado difícil.
2. Se siente inadecuado ante situaciones vivenciales y de aprendizaje que considera
que están fuera de su control.
3. Adquiere hábitos de crítica a los demás, de envidia y descontento desde un espacio
de victimismo.
4. Delega su responsabilidad cuando surgen problemas.
5. Se acobarda ante la posibilidad de crítica de los demás.
6. Autocrítica rigorista, tendente a crear un estado habitual de insatisfacción consigo
mismo.
7. Hipersensibilidad a la crítica, que le hace sentirse fácilmente atacado y experimentar
sentimientos pertinaces contra sus críticos.
8. Indecisión crónica, no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a
equivocarse.
9. Deseo excesivo de complacer; no se atreve a decir "no" por temor a desagradar y
perder la benevolencia del peticionario.
10. Perfeccionismo, o autoexigencia de hacer "perfectamente", sin un fallo, casi todo
cuanto intenta, lo cual puede llevarle a sentirse muy mal cuando las cosas no salen
con la perfección exigida.
11. Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente
malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y / o los lamenta indefinidamente,
sin llegar a perdonarse por completo.
12. Hostilidad flotante, irritabilidad a flor de piel, que le hace estallar fácilmente por
cosas de poca monta.
13. Actitud supercrítica: casi todo le sienta mal, le disgusta, le decepciona, le deja
insatisfecho.
14. Tendencias depresivas: tiende a verlo todo negro, su vida, su futuro y, sobre todo,
a sí mismo; y es proclive a sentir una inapetencia generalizada del gozo de vivir
La violencia en las relaciones amorosas, puede ser cuando una de las personas comete abusos mentales, físicos e incluso sexuales contra su pareja, convirtiéndola en su víctima. La violencia empieza por el "juego" y en ocasiones no se percatan que se encuentran dentro de esta problemática, porque lo perciben como un contexto normal y cotidiano.
Causas
Las principales causas de violencia en el noviazgo son:
Es generacional, ya que puede ser posible que se encuentren inmersos dentro de un ambiente familiar de violencia.
Problemas económicos.
Trastornos emocionales.
Víctima
Los datos estadísticos, revelan que en su mayoría, es el sexo femenino adolescente quienes son víctimas de violencia, aunque también en un porcentaje menor aparece el sexo masculino. La víctima confunde los sentimientos que se presentan en la relación amorosa, todo lo hace y lo permite por “amor” a su pareja.
Agresor:
Es la persona que comete la agresión sea física (golpes, empujones o jaloneos), psicológica (celos, ridiculización, las burlas o la indiferencia) cuyo ambiente en el que se desarrolla, generalmente, es de violencia; son personas inseguras, posesivas y celosas (vigilan sus redes sociales).
Recomendaciones
En caso necesario, contactar al centro de atención a la violencia más cercano de la comunidad.
Buscar ayuda profesional.
Si la presencia de la violencia es frecuente, hacer valer los derechos de la víctima, acudiendo a la autoridad competente para levantar un acta en contra del agresor.